Yo que no sé de frases bonitas, ni de pasteleo, ni de ponerte las ganas en los labios, ni de embelesarte… te encontré, simplemente intentando terminar la canción que escribías, desacompasada y horrorosa. Eso pensaba, pero sólo era por la rabia de no poder ser yo quién la tocara para ti.
Torpes de mis formas, tampoco intentaba ponerte las ganas en las manos, ni en los labios… simplemente me bastaba robarle una sonrisa a la comisura de tu boca. Por eso, te miro, te miro mucho, para ver cuándo es que se te escapa.
Ni tampoco pretendía robarte para mí con sólo un viaje, ni traerte a la ciudad sin playas en las yemas de los dedos y a la primera de cambio… porque sé que te pierdes, y no sólo en cuestiones de tacto.
Entonces, me saqué un bono de viajes ilimitados a tu espalda, con una sola dirección de ida y nunca la misma dirección de (re)vuelta… sin rumbo, ni sentido alguno. Y descubrí el caótico tráfico de viajar en círculos, de hacer rodar los besos sobre mis propios pasos. Es lo bueno de las autopistas a tu cuerpo… que siempre aparecen curvas nuevas.